Tuesday, December 21, 2010

You give them something to eat -- Denles ustedes mismos de comer

This morning in my daily Bible reading, one of the passages I read was Luke 9, which tells the story of the feeding of the five thousand, the only miracle (apart from Christ's resurrection) that is recounted in all four canonical gospels. One thing that has drawn my attention many times, and really jumped out at me today, was verse 13:

     He replied, “You give them something to eat.”

The disciples were expecting Jesus to send the crowds away so they could buy food in the neighboring towns. But Jesus told His apostles to feed them. Once the disciples brought the five loaves and 2 small fish from their provisions, Jesus multiplied it so that everyone ate their fill. But Jesus didn't make the food appear out of nothing, nor did He turn stones into bread. He took what the disciples brought and made it more than sufficient.

When I come upon someone who is spiritually hungry and thirsty, what do I do? Do I just tell them to read the Bible, give them the number of pastor they can call, suggest they pick up the latest Christian best-seller, or encourage them to go to church next Sunday? Or do I take the time to really listen to them, and then do I give them something to eat? Do I make room in my schedule to share spiritual food with them?

But if I'm going to give them something to eat, I have to have food that I can share. For me to feed others, I have to regularly visit the storehouse of God's Word, and I have to be producing spiritual fruit that will nourish others. If I haven't been consistently collecting food through prayer and Bible study, I won't have anything to share with those who are hungry. But if I have something stored up and am willing to share it, presenting it to Jesus so He can use it, the Master will multiply it to meet the need of the hungry soul.

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Esta mañana en mi lectura Bíblica diaria, uno del los pasajes que leí fue Lucas 9, que cuenta la historia de la alimentación de los cinco mil, el único milagro (aparte de la resurrección de Cristo) que se recuenta en los cuatro evangelios canónicos. Un punto que me ha llamado la atención muchas veces, y que realmente se saltó de la página hoy, fue el versículo 13:

     "Denles ustedes mismos de comer" les dijo Jesús.

Los discípulos esperaban que Jesús enviara las multitudes a los pueblos cercanos para que comprasen algo de comer. Pero Jesús les dijo a sus apóstoles que les alimentaran. Cuando los discíuplos trajeron los cinco panes y dos pescaditos que había en sus provisiones, Jesús lo multiplicó hasta que todos se saciaron. Pero Jesús no creó la comida de la nada, y tampoco convirtió piedras en pan. Él tomó lo que trajeron los discípulos y lo hizo más que suficiente.

Cuando me encuentro con alguien que tiene hambre y sed espiritual, ¿qué hago? ¿Simplemente les digo que lean la Biblia, les doy el número de un pastor que pueden llamar, sugiero que compren el nuevo libro cristiano de más ventas, o les animo a asistir a la iglesia el siguiente domingo? ¿O tomo el tiempo para realmente escucharles, y después les doy yo algo de comer? ¿Hago espacio en mi agenda para compartir alimento espiritual con ellos?
Pero si les voy a dar algo de comer, primero tengo que tener comida que puedo compartir. Para que yo alimente a otros, tengo que visitar regularmente el almacén de la Palabra de Dios, y tengo que estar produciendo fruto espiritual que pueda nutrir a los demás. Si no he estado consistentemente colectando comida a través de la oración y estudio de la Palabra, no tendré nada para compartir con los hambrientos. Pero si tengo algo almacenado y estoy dispuesto a compartirlo, presentandolo a Jesús para que Él lo use, el Maestro lo multiplicará para saciar el alma hambrienta.

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